miércoles, 20 de enero de 2016

¡A Santander!

Bep bep bep! Bep bep bep! Bep bep bep! 3:00 AM, hora de levantarse. Cartera, dinero, móvil, papeles de la compraventa, mochila, una botella de aquarius que había en la nevera y un cojín para que duerma un rato más el que vaya de copiloto. ¡Todo listo! Salimos a la calle, encendimos la luz de la bicicleta que habíamos puesto en el remolque (seguridad ante todo, jeje) y acordamos que empezaría yo conduciendo, ya que Andoni se había pegado un buen madrugón el día anterior y apenas había descansado nada. Fue subir al coche, arrancarlo, y una sonrisa tonta apareció en mi cara, todo empezaba en ese momento.
 Pfff… apreté el volante con fuerza, hice la rotonda con muchísimo cuidado y rece por que no echasen la vista atrás y mirasen hacia el remolque y viesen la lucecilla de la bici… tan en tensión iba que en vez de ir hacia la M50 cogí rumbo a la carretera del escorial… pero ya no había opción de corregir, había que seguir y rezar por que no apareciese de un momento a otro el reflejo de una luz por el retrovisor, así que seguí conduciendo en tensión hasta que poco a poco me hice a la idea de que habíamos librado… menos mal.
La verdad, es que según seguíamos alejándonos con el coche iba tratando de ponerme en el lugar del guardia civil y pensar por que nos habían dejado pasar y la conclusión a la que llegue es que estaban buscando chavales que estuviesen volviendo de la fiesta del sábado noche a casa, y cuando nos vieron a nosotros, con un frontera del 92, un remolque, y el copiloto con un cojín en el cuello lo que pensaron fue "estos no vienen de fiesta, estos se acaban de levantar".
Así que, después del momento de tensión ya no había ni rastro de sueño ni cansancio, mente totalmente despejada y a disfrutar de las curvas de la M600 hacia la A6. Ya estábamos en marcha!

Y así continuamos el viaje durante varias horas, a un ritmo tranquilito de 80 - 90km/h cruzando castilla rumbo a Santander mientras Andoni seguía tratando de recuperar las horas de sueño atrasadas.
A la altura de Palencia se despertó y ya se incorporó. Ya había amanecido y los estómagos empezaban a rugir. Con todos los problemas que habíamos tenido en las últimas horas no habíamos ni cenado ni desayunado, pero con el fin de tener tiempo de margen para evitar imprevistos decidimos no parar hasta llegar a Santander, y así hicimos.

Unos minutos antes de las 9:00 de la mañana, hora a la que habíamos quedado, llegamos a al barrio donde vivía el vendedor. Después de un par de vueltas, localizamos el único bar que estaba abierto y además con un hueco enorme en la puerta para aparcar, un hueco del tamaño de un autobús. No parecía difícil aparcar, y aunque nunca había llevado un remolque hasta ese día la teoría parecía fácil, bastaba con girar en sentido contrario. Así que me dispuse a ello, y ahí comenzaron las risas de Andoni. Primer intento… al bordillo,  segundo intento… al bordillo otra vez, tercer intento… la parte trasera del remolque hacia afuera… JODER, ¿tan inútil soy?, así que desesperado, me bajo del coche, lo coge Andoni, y que cabrón…  a la primera y perfectamente aparcado. Se ve que lo de llevar todos los días un trailer de 30 toneladas sirve de algo. (si, camionero con solo 24 años). Aquí podéis ver como lo dejó perfectamente aparcado:
  

Así que entramos en el bar a desayunar algo y llamamos al vendedor para que nos diese las indicaciones exactas para llegar hasta su casa. Volvimos al coche, esta vez ya en manos del profesional y seguimos las indicaciones. Al entrar por la caleya que nos llevaba hasta su casa, nos fuimos dando cuenta de lo que nos íbamos a encontrar, casitas viejas de pueblo, varios coches aparcados por las orillas con el cartel de se vende y  un hombre de mediana edad con aspecto algo descuidado y un bastón que nos indica como hace la maniobra para entrar en su casa, era el vendedor. Junto a él había otros dos hombres, también de avanzada edad y de aspecto algo descuidado que parecían trabajar para él. Nos saludamos, nos empezó a contar una historia que los coches de fuera eran suyos, que se dedicaba a coger coches que se entregaban al plan pive, bla bla bla…, realmente no lo hicimos mucho caso, veníamos a lo que veníamos y lo que estábamos viendo no nos gustaba mucho. Si ya teníamos la duda de que comprar un motor a un particular era asumir el riesgo de que no funcionase, lo que estábamos viendo estaba incrementando el riesgo considerablemente, pero ya estábamos allí, y siempre nos quedaba el consuelo de que el precio era realmente bajo y que nos daría un montón de piezas más. Finalmente acompañamos el hombre hacia la parte trasera de la casa y señalando con el motor nos dice, "ahí tenéis el motor". Es una lástima no tener fotos de ese momento… pero lo último que se me paso por la cabeza fue sacar la cámara. Pegado a un muro, a la intemperie, mal tapado con un plástico y apoyado sobre el suelo mojado por la lluvia de esa noche. Jooder. Lo destapamos, y era aún peor, parece que el plástico se lo habían puesto esa noche. Motor con bastante oxido, lleno de hojas secas y demás mierda de los árboles del jardín. Mientras mirábamos el motor sin saber muy bien que hacer, el hombre nos dice que al lado tenemos también el motor de un Ibiza diesel, por si nos interesa (vamos, que hemos ido a recogerle la mierda del patio y encima vamos a pagar por ello…).  En este momento es importante recordar que ni Andoni ni yo tenemos ni puta idea de mecánica, así que reaccioné y le pregunte:
  •  ¿y el resto de piezas?
  • Ahí las tienes - mientras señalaba con el bastón - Motor de arranque, caja de cambios…
¡Qué hijo de puta! Habían cortado con un hachazo el eje que va a las ruedas y habían sacado todo sin desmontar… La verdad es que nunca había comprado un motor en mi vida, pero no creo que se entreguen así.  Me quede inmóvil, no sabía que decir, realmente estaba decepcionado y a la vez avergonzado al ver que Andoni tenía la misma cara y había sido yo el que nos había metido en este lio. Pero fue el quien reacciono primero y les dijo:
  • Pues venga, ¿nos ayudáis a cargarlo?
Y en ese momento, todos los "secuaces" que estaban con nosotros de mirones empezaron a escaquearse:
  • Yo paso
  • Eso pesa mucho.
 Así que lo agarramos entre Andoni y yo y al maletero del frontera. Su puta madre como pesaba, nunca antes había cogido un motor, y entre los dos las pasamos putas para meterlo (o al menos yo).

Le pagamos al vendedor, y nos fuimos de allí lo antes posible para intentar no pensar mucho en la situación y llegar lo antes posible a Casalareina a recoger el Marbella. Esta vez ya llevaba el coche Andoni, así que tuve tiempo de sacar un par de fotos durante el viaje:

El motor, y toda la mierda que tenía


El salpicadero full equipe del frontera:
 

El  que sabe conducir de verdad.




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